Faltan voces altas

Faltan voces altas
Luis Encarnación Pimentel
Opinión

Santo Domingo – Dentro de la crisis de parti­dos, de liderazgo, de va­lores y casi de todo que sacude a la sociedad domi­nicana, el país luce cada vez más carenciado de voces altas, con la res­ponsabilidad y autoridad moral sobradas para dar el frente y servir de árbitros váli­dos en caso de gran dificultad nacional o de un tranque de orden institucional. Al­gunos relevos de entidades de sociedad ci­vil, del sector empresarial y de grupos de presión existentes parece que no abreva­ron en la fuente de antecesores que deja­ron una impronta cuando les tocó dirigir, porque ahora sabrán defender los intere­ses sectoriales, pero la verdad es que mu­chos no han jugado el rol de entes inde­pendientes, de equilibrio y de mediación social responsable que era esperable. Y es que, con las naturales excepciones, a al­gunos ejecutivos o cabezas de los secto­res mencionados la representación la han usado como puente para promoverse y pasar a ocupar luego un puesto impor­tante en el gobierno. Algunos empresa­rios tienen estrechas relaciones o son co­optados por el poder político de turno, en el que hacen buenos negocios, y al que le sirven muchas veces de “comodines” para defender determinadas posiciones oficia­les o ayudando con el silencio cómplice en determinadas coyunturas (¿). En este úl­timo aspecto el CONEP y su actual presi­dente, el señor Brache, han batido récord. En su momento, el hecho de favorecer la reelección presidencial de Medina le llevó a no opinar cuando gran parte del país se movilizó para rechazar una modificación constitucional con ese único fin. De los ha­llazgos de la OEA en el proceso que tuvo la JCE que suspender, del litoral empresa­rial indicado no hubo opinión, ni de los es­fuerzos desplegados para que se fijara fe­cha de las presidenciales y se definiera lo del voto en el exterior. Aún más, no se han referido al fuerte reclamo de la oposición de que la JCE designe un director de In­formática, y a otras previsiones para evitar traumas en las votaciones de julio, pero el CONEP y su presidente llaman a “respetar el resultado de las elecciones”. ¿La carre­ta delante de los bueyes? El pedido no es malo, solo que, como primero es lo prime­ro, para que los resultados sean aceptados y respetados, estos tienen que ser los que respondan a la voluntad real de la mayo­ría, correctamente expresada en las urnas. Para lograrlo, hay que garantizar que los comicios sean “seguros, libres y transpa­rentes”. ¿Si se esforzará en esto (no sé có­mo), por qué adelantarse a los hechos? Eso, recuerda lo del” avance” en la famosa encuesta del “empate técnico” (¿) Gonza­lo-Leonel de octubre.

Redacción

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